Conoce las principales diferencias entre una traducción y un interpretación

La mayoría de las personas no saben diferenciar la traducción de la interpretación. Para ellas, son las mismas condiciones de trabajo, los mismos conocimientos, los mismos estudios etc., en resumen: la misma profesión.

Sin embargo, si examinamos la cuestión, nos damos cuenta de que se trata de dos profesiones muy distintas que no deberíamos confundir.

En el sector de la traducción, el traductor trabaja con documentos escritos o audiovisuales, pero el traductor no tendrá que hablar en ningún momento. El dominio de la redacción es una clave para triunfar en esta profesión. El traductor tiene que llevar a cabo una investigación y documentarse acerca del ámbito del documento, debe ser capaz de transmitir un mensaje fiel a la vez que adapta el contenido a la cultera meta.

Además, tiene que respetar los plazos de entrega establecidos, generalmente impuestos por el cliente, que a menudo son cortos, sin dejar de lado la calidad en la redacción, en la traducción y en la revisión final. Requiere una agilidad y unas destrezas mentales totalmente distintas a las de un intérprete. Ser buen traductor no siempre significa ser buen intérprete. El dominio de idiomas extranjeros y la idea de traducir un mensaje son los únicos aspectos parecidos entre ambas profesiones.

En el ámbito de la interpretación, el intérprete debe tener facilidad de expresión oral y ser buen comunicador. Este trabajo es mucho más agotador ya que, aunque suele haber una preparación previa, un discurso oral puede virar, es más espontáneo y el intérprete debe ser capaz de transmitir en tiempo real el mensaje del interlocutor. Esta es una de las razones por las que los intérpretes, sobre todo en interpretaciones simultáneas de más de dos horas, suelen (y deben) trabajar en pareja, para alternar el tiempo de las intervenciones (en general cada media hora).

El dominio de su lengua materna, así como de su lengua de trabajo es imprescindible. En interpretación no hay lugar para errores, ya que un error en la información puede tener consecuencias nefastas (contrasentidos, omisiones de información…). La rapidez y la capacidad de resumir la información son unas de las aptitudes claves de un buen intérprete.

El mensaje debe resumir la idea principal elaborada por el interlocutor y el intérprete tiene que ser capaz de valorar las partes del discurso secundarias ya que, salvo por falta de tiempo, el mensaje debe transmitirse en su totalidad. Por ello, el intérprete debe contar con un tiempo razonable para preparar el trabajo, puesto que es necesario investigar y conocer al orador: su expresión, velocidad del discurso, además de, por supuesto, conocer lo más exhaustivamente posible el tema de la interpretación.

Un punto común que tienen ambas profesiones es que sufren de un desconocimiento general. No son profesiones reconocidas ya que cualquier persona puede autodenominarse traductor/ intérprete porque piensa que domina bien un segundo idioma. Obviamente, es necesario llevar a cabo estudios en ambos campos para aprender las sutilezas, las técnicas o el código ético que engloba una parte importante de estas dos profesiones que después de siglos de historia, siguen siendo grandes desconocidas.

En el siguiente artículo, comentaremos las cualidades de un buen traductor y de un buen intérprete.

 

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Autor: Mathieu POILVÉ