«Oigo voces».

Hoy día tenemos el poder de saber lo que está pasando en tiempo real y sin importar el lugar. Con tan solo hacer clic, nos trasladamos a una rueda de prensa en la Casa Blanca o a una gala de los Oscar sin tener que sacar ni el pasaporte gracias a a la excelente labor de los medios y el apoyo de la existencia y puesta en marcha de la interpretación audiovisual en directo.

Las entrevistas permiten conocer un poquito más a cualquier famoso sin que su idioma materno lo impida y disfrutar de cualquier eventos cuya cobertura sea de alcance internacional. Pero, ¿y quién pone voz a estas personas?

Es gracias a la interpretación audiovisual que podemos acceder a casi cualquier contenido de la red, televisión o radio en el que esté presente una lengua extranjera.

Esta modalidad se perfila como una línea de investigación neófita cuyo volumen de trabajos no es tan extenso como, por ejemplo, el de la interpretación de conferencias. Si bien es cierto que ambas tienen muchos elementos en común, la interpretación audiovisual reúne ciertas idiosincrasias que hacen de ella una extravagancia de lo más interesante.

Por lo general, la base sobre la que se ha trabajado han sido encuestas realizadas a los intérpretes, quienes han compartido sus impresiones e incluso han lanzado propuestas de mejora. En estas líneas nos hemos propuesto fijar los focos en la interpretación audiovisual y arrojar algo de luz para saber más de ella.

Única en su especie

Como ya veníamos diciendo, algunas de sus características son heredadas y sin embargo, la interpretación audiovisual es genuina por muchas otras. De este modo, se perfila como un tipo de interpretación simultánea que se caracteriza por el contexto en el que se desarrolla; cualquier escenario es posible: un plató, la sede de una gala, una sala de prensa…

Del mismo modo, la interpretación audiovisual aúna una serie de necesidades técnicas que deben ser atendidas: se suele precisar de medios como una cabina insonorizada, cascos adecuados o el botón de mute para el micrófono, entre otros.

Es además, importante que técnicos e intérprete(s) estén coordinados, pero también debe tener cabida un feedback entre estos últimos, para que en la interpretación prime la coherencia (vocabulario y registro similar) y se pueda incluso notificar incidencias o errores. La interpretación audiovisual es un trabajo en equipo.

El factor estrés puede incrementar considerablemente si tenemos en cuenta el volumen de la audiencia; asimismo, la inmediatez apenas permite cualquier tipo de corrección. Los acentos y la falta de tiempo para documentarse pueden jugar en contra del intérprete, así como las características discursivas propias del lenguaje mediático.

De manera acertada, Mariachiara (1995) nos ofrece una clasificación de estos condicionantes y Josefina Molina, por su parte, ha tenido a bien facilitarla en su estudio sobre interpretación audiovisual. De este modo, podemos entender los rasgos anteriores como aspectos situacionales, técnicos y emocionales (respectivamente).

 

En defensa de la interpretación audiovisual

Siempre es aconsejable que el intérprete tenga cierta autonomía para imponer su criterio en cuestiones que requieren de una figura profesional y con experiencia en la interpretación (audiovisual).

Ya son varias las asociaciones que interceden por los intérpretes: la AIIC (Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias) o la FIT (Federación Internacional de Traductores) han reivindicado esa independencia del intérprete mediante la redacción de unas normas «oficiales» que velan por unas condiciones de trabajo dignas en la interpretación audiovisual.

En el estudio, la interpretación audiovisual es, en esencia, previsión: son necesarias varias pruebas de sonido y que el intérprete se familiarice con el funcionamiento interno de la cadena (es vital conocer con quién va a trabajar y tratar de recabar la mayor cantidad de información posible; en definitiva, documentarse). Y como siempre, el mundo del espectáculo requiere ensayos para por ejemplo, interpretaciones en diferido.

Pero sin duda, otra de las cuestiones en el punto de mira es el reconocimiento de esta profesión. Existen países como Austria o Italia donde la postura por parte de algunas autoras como Ingrid Kurz o Mariachiara Russo es clara: sus artículos relativos a la interpretación audiovisual identifican necesidades e inciden en lo extremadamente complicada que es esta labor.

Si en los créditos finales aparecen todo tipo de profesionales que han colaborado en la realización del programa, ¿por qué no incluir también a los intérpretes audiovisuales?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alemania o Japón destacan por la implicación existente en los medios de comunicación; puede verse reflejada en los departamentos lingüísticos que poseen cadenas europeas como ARTE (donde tienen en cuenta la adecuación del intérprete al individuo que va a interpretar) o la sección de noticias de cadenas japonesas que incorpora servicios de interpretación audiovisual.

En el caso de España, aún queda mucho camino por recorrer en la interpretación audiovisual. La impresión general es que los medios nacionales todavía «van a ciegas» y si ya hay poca teoría, mucho menos se podría decir que se lleva a la práctica (no por falta de profesionales cualificados, sino por decisiones inadecuadas y falta de organización).

El público ve los toros desde la barrera (o en su defecto, desde el sofá) y en multitud de ocasiones no está dispuesto a ver lo difícil que es para el intérprete abrirse paso entre tanto «bilingüe»; las habilidades que requiere la interpretación audiovisual y toda la preparación que hay detrás queda en petit comité.

El que algo quiere, algo le cuesta

Cualquier empresa es consciente de que para conseguir el mejor producto tiene que ser también el mejor inversor. De este modo, se deben cuidar detalles tan elementales como la interpretación audiovisual: no tiene sentido que a la hora de cubrir una noticia en el extranjero, la única información que asimile la (mayoría de) audiencia nacional sea visual.

Los medios de comunicación de masas buscan llegar al mayor número posible de espectadores y oyentes, por lo que es necesario invertir en todos los recursos que hagan falta. Nos referimos pues, a que la interpretación audiovisual es un coste ineludible; debemos advertir que comparte la materia prima con la que se transmite la información: los idiomas.

Suena utópico y constituye una auténtica quimera que cuando se hable de la figura del intérprete (audiovisual, de conferencias…) la gente no crea estar hablando con un famoso. No solo se les debería escuchar cuando interpretan y hablan por otra persona, sino cuando por ellos mismos demandan ya no solo unos mínimos que favorezcan la calidad de su trabajo, sino también reconocimiento en el mundo profesional.

La voz de la experiencia

Siguiendo la misma metodología que otras autoras, hemos tenido la suerte de contar de primera mano con varios intérpretes que se han prestado a responder a una serie de preguntas. Con su aportación, hemos podido contrastar distintos puntos de vista con la información aquí dispuesta y así hacernos una idea de cómo se encuentra la situación actual:

Agradecemos a Pilar Castillo Bernal, Rafael Porlán Moreno y Aurora Ruiz Mezcua que hayan dedicado unos minutos a responder al cuestionario.

Desde un principio, se confirma lo que era ya un secreto a voces: la interpretación audiovisual se consolida como una modalidad especialmente difícil debido a la improvisación (toda información es poca) y la incertidumbre que esta puede generar. Se necesitan serenidad y un cierto gusto por el frenesí.

A pesar de una demanda cada vez mayor, el volumen de encargos no es significativo y por lo tanto, no existe formación específica para la interpretación audiovisual.

El eterno caballo de batalla del intérprete es que parece ser el último en llegar y por ende en opinar, a pesar de estar horas esperando y necesitar infinidad de medios técnicos.

Pueden darse casos en los que el intérprete no llegue a estar en el estudio para el directo: una opción consiste en el seguimiento del programa por parte del intérprete desde una cabina equipada con micros y cámaras para ver lo que ocurre en plató; en el caso de una entrevista, escucha tanto las preguntas como las respuestas (interpretación audiovisual consecutiva).

Otra alternativa es la de captar solo el plano del orador y en la edición del vídeo superponer la voz de la interpretación (interpretación audiovisual simultánea).

La puerta de entrada a la interpretación audiovisual pueden ser tanto conocidos como agencias de traducción que contratan las productoras[i]: la selección es por tanto, consecuente con las características del trabajo (hombre o mujer, nº de personas e idiomas, duración del programa y medios técnicos).

A pesar de dejar clara la singularidad de la interpretación audiovisual, muchos de los encargos siguen la dinámica de la interpretación de conferencias.

La temática es de lo más variada y por consiguiente, la terminología también. Es común que esto pase factura ya que se facilita la información justa y no hay tiempo suficiente para que el intérprete se vea todo lo preparado que le gustaría. A veces, hablar con artistas/presentadores u organizadores es el salvavidas perfecto antes de lanzarse a la piscina.

Considerábamos pertinente preguntar si se es consciente de la importancia (de la interpretación audiovisual) y de sus necesidades como para que haya unas condiciones de trabajo admisibles. Lo cierto es que las respuestas han resultado ser bastante tranquilizadoras ya que dentro del entorno televisivo y en especial quienes trabajan codo con codo con los intérpretes, sí que valoran y agradecen su labor. Es un alivio saber que los comentarios más desafortunados llegan desde fuera y sin ningún tipo de ni razón que deba inquietar a los profesionales.

Se podría hablar de implicación a través de un control de calidad en la interpretación audiovisual: uno de los entrevistados tuvo que realizar una prueba (de forma remota) considerablemente difícil cuando estuvo trabajando durante varias temporadas para la misma cadena.

Una buena manera de finalizar esta breve publicación sobre la interpretación audiovisual sería recogiendo las palabras por parte de una de las intérpretes y que como consejo resultan de lo más acertadas: «formación muy sólida, experiencia y mucho control de los nervios para trabajar en este tipo de situaciones.»

Luces, cámaras… ¡e interpretación!

Enlaces de interés:

Web de la AIETI (Asociación Ibérica de Estudios de Traducción e Interpretación): http://www.aieti.eu/

Web de la AIIC (Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias): https://aiic.net/

Web de la Aice (Asociación de Intérpretes de Conferencias de España):

http://www.aice-interpretes.com/index.php

Referencias bibliográficas:

Andres, D. y Fünfer, S. (2011): TV interpreting in Germany: the television broadcasting company ARTE in comparison to public broadcasting companies. The Interpreters’ Newsletter, nº 16 (2011), pp. 99-114, ISSN: 1591-4127. Recuperado de: http://hdl.handle.net/10077/10164

Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (1999): Essential do’s and dont’s when using simultaneous conference interpreters on TV. Recuperado el 28 de octubre de 2017, de http://aiic.net/p/61

Eliane BROS-BRANN (2002): Checklist for TV interpretation. Recuperado el 28 de octubre de: http://aiic.net/p/635.

Molina Valencillo, J. (2002): La Interpretación simultánea en las cadenas de TV estatales españolas: aspectos técnicos, situacionales y emocionales. En: Padilla, P. y Martín, A. (eds. con Dorothy Kelly, grupo AVANTI) Puentes. Hacia nuevas investigaciones en la mediación intercultural, Revista de Traducción e Interpretación (pp. 95-106), Granada: Editorial Comares, nº 1; ISSN: 1.695-3.738

Pöchhacker, F. (2011): Researching TV interpreting: selected studies of US presidential material. The Interpreters’ Newsletter, nº 16, pp. 21-36, ISSN:          1591-4127. Recuperado de: http://hdl.handle.net/10077/8252

[i] A diferencia de otros países, la mayoría de cadenas españolas no cuentan con un dpto. lingüístico que trate estas cuestiones. Podría decirse que es un tema que descuidan, en cierto modo.